A título personal

Mi soledad. Un trago muy agridulce

Desde que era adolescente, El ruido de las fiestas, de los conciertos, me hacía sentirme incómodo. No quiero malinterpretar mi escrito. Me la pasaba bien en muchos momentos estando con mis amigos; simplemente, muchas muchas veces, estando en lugares con mucha gente, mi mente volaba queriendo llegar a mi casa y poder estar en contacto con mi soledad.

Conforme ha pasado el tiempo, ese momento de estar solo se ha intensificado. Curiosamente, la soledad de mi lugar preferido ha sido el mejor lugar para poder estar conmigo mismo

Mi soledad es mi guarida

Antros, conciertos, fiestas, reuniones masivas, me hacen sentir lleno de gente. Y a veces me siento fuera de lugar, fuera de una posición o de un centro que no es el mío.

Muchas veces me despertaba y me sentía culpable. Creía que nunca podría ser aquella persona que puede brincar de fiesta en fiesta. Desvelándome y bailando hasta el amanecer y cantando sin que le importe un bledo.

¿Mi soledad era la culpable? No lo creo. Estoy consciente que para mí es muy diferente la soledad que la desolación. Y me siento muy a gusto con mi soledad. El estar conmigo mismo me gusta y lo aprovecho.

La tranquilidad de un museo, una exposición de arte, o inclusive de ponerme unos buenos audífonos y disfrutar de un buen libro me hacen sentir más en mi mundo que en cualquier otra circunstancia.

Salirme de mi soledad… No lo creo

¿Soy diferente? No lo se, lo único importante es qué ahora me doy cuenta que puedo seleccionar las batallas (frase de uno de mis mejores amigos) y decir con toda tranquilidad… “No, gracias, no quiero ir”.

Curiosamente una de mis hermanas fue todo lo contrario. A ella le encantaba esa masividad que solo la gozan de poco. A veces pienso que mi ansiedad es culpable de esto.

En muy pocas circunstancias me permito estar rodeado de personas y sentirme a gusto. Viajando y caminando son de las pocas que se unen esas posibilidades. Al menos, que me lleguen a la mente.

Saliendo de un diplomado, de cual les hablaré después, caminando rumbo al carro (ya que quedó lejos, me dio tiempo de pensar. Mientras iba recordando recordando aquellos momentos en que no tenía opción que caminar y caminar y caminar. Tenía el alma a tope y me sentía pleno, como hace mucho no me sentía. Y de repente regresó aquel adolescente, que no le gusta la masividad, y que podía inventar cualquier cosa para quedarme conmigo mismo. Admirando el silencio, leyendo o pensando.

Mi esencia conmigo

Pero me permite a veces darme cuenta que aunque añore fiestas pasadas, nada ni nadie evitaría el hecho de que me acompañe día tras día en completa calma.

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