Inspiración

¿De qué tiene hambre tu vida?

Hace unos momentos que salí a caminar/trotar/correr empecé a escuchar un podcast que tenía programado y tenía como título “¿De qué tiene hambre tu vida?”, y hubiera jurado que se iba a explayar todo el tiempo acerca de cómo los hábitos alimenticios nos están afectando.

Sin embargo, entre más pasaba el tiempo y más iba escuchando cada palabra me di cuenta de algo que muchos sabemos, pero pocos tenemos presentes… A muchos de nosotros nos falta hambre.

Creemos que con pedirlo, estirar la mano, o a veces trabajar pero muy poco, tenemos abiertas las puertas del cielo. Tendremos aquello que realmente queremos.

Sin embargo, pocas veces es así. Como lo dice claramente el TEDx de Karla Souza. Recomiendo mucho verlo si nunca lo has visto

No he conocido algún atleta de alto rendimiento, algún empresario, científico, político (de los buenos) o alguna persona que consideren “famoso” que no se haya esmerado e incluso sufrido  por ese tipo de situaciones de tener hambre y de luchar por lo que desea.

¿De qué tiene hambre tu vida?

Decimos que a nuestra generación nos faltó hambre, y a las que siguen puede que sea peor, debido a que fuimos aquellos niños donde los padres, muchos de ellos sufrieron carencias, y no quisieron que nosotros pasáramos por lo mismo. ¿Te suena un poco estas palabras?

Al final, cada uno necesita aprender de qué tiene hambre su vida. Puede ser de poder, puede ser de prestigio, económico o inclusive de amor. Tienes hambre de casarte, de alcanzar ese premio, de desarrollar un nuevo invento… O tal vez de otra cosa que tengamos en este momento.

Personalmente, yo tengo mucha hambre empresarial, mucha hambre de conocer todos los países, de probar nuevos alimentos y nuevas bebidas, pero sobre todo, hambre de vivir cada día porque no sé si haya otra vida y quiero disfrutarla al máximo…

Y como dice una frase que adoro de Hunter S. Thompson…

La vida no debería ser un viaje hacia la tumba con la intención de llegar a salvo con un cuerpo bonito y bien conservado, sino más bien llegar derrapando de lado, entre una nube de humo, completamente desgastado y destrozado, y proclamar en voz alta: ¡Uf! ¡Vaya viajecito!

Y bueno, platícame… ¿De qué tiene hambre tu vida?

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